CAMINO DE SANTIAGO – del 28 de
marzo al 5 de abril de 2013
Todo empezó como por casualidad.
Llevábamos tiempo andando en bicicleta juntos y, de vez en cuando, comentábamos
hemos de acabar haciendo el Camino de
Santiago. A fuerza de repetir y repetir, la broma se transformó en
objetivo. Y en una de esas, venga, en
Semana Santa. Yo tenía vacaciones y Koldo podía coger unos días como para
hacerlo.
Lo haremos en siete etapas, lo
haremos en diez. Finalmente, fueron ocho. Comenzó la investigación: a través de
internet, kilometraje, tramos, etapas, desniveles, alojamientos… Poco a poco
fuimos seleccionando la información y fuimos centrándonos nosotros.
Koldo se encargó del transporte de equipajes.
Descubrió Jacotrans, empresa que por poco dinero nos trasladaría las maletas de
destino en destino. Además, se encargó de los billetes de tren para la vuelta y
del transporte de las bicicletas desde Santiago hasta Pamplona. En poco tiempo lo
tenía todo atado y bien atado. A mí me resultó difícil establecer ocho etapas
equilibradas en kilómetros y localizar albergues. Por eso nos reunimos dos
semanas antes, tomamos como guía la ruta que relataban los amigosdelciclismo.com y en un periquete establecimos los puntos de
salida y destino y por teléfono reservamos todos los alojamientos que íbamos a
necesitar. Hay que aclarar que, con bastante facilidad, desechamos la idea
inicial de dormir en albergues. Nos inclinó a ello una serie de motivos de peso:
los ciclistas no podemos entrar hasta pasadas las ocho de la tarde, ya que
tienen prioridad los peregrinos a pie; habíamos leído que en la mayoría no hay
calefacción por la noche y se pasa frío; existía la posibilidad de compañeros
no deseados, como chinches o pulgas; que si uno tose, que si otro ronca, que si
el de más allá se levanta… Ya vamos teniendo una edad y no estamos para muchas
tonterías. Por pocos euros más cada noche y teniendo en cuenta que habían de
ser pocas, reservamos pensiones y hostales.
La semana anterior a la salida
fue estresante para los dos: ambos con mucho lío en el trabajo, Koldo con el
cambio de piso que estaban haciendo, yo con madre, reuniones extras, etc. Así
que la víspera a última hora preparamos la maleta y a dormir. Solo tuvimos
tiempo de consultar –eso sí, a diario y varias veces- los pronósticos del
tiempo, que eran desoladores.
PRIMER DÍA – 28 de marzo
A las 9,00 estamos cargando las
bicis en el coche para que Pilar nos lleve hasta Roncesvalles a Koldo, Alfonso
y a mí. Alfonso se había apuntado unos días antes a acompañarnos durante la
primera etapa. Con él junto a nosotros, la dureza del Camino es menor.
Entre llegar a Roncesvalles,
solicitar la Credencial, tomar un café y prepararnos, nos dan más de las 11.
Salimos con una lluvia fina, pero persistente, que nos acompaña hasta Zubiri.
La subida a Mezkiritz suave. La verdad es que lo hemos tomado con mucha calma.
Los tres teníamos claro que había que reservar fuerzas, así que no hemos dudado
a la hora de meter piñones grandes. Con Erro nos ha pasado lo mismo. No voy a
decir que la lluvia era agradable, porque no, pero la verdad es que no nos ha
resultado tan molesta como preveíamos. El hecho de ir tres ha ayudado bastante
porque no nos ha faltado conversación.
Cuando nos hemos asegurado de que
no llovería más, nos hemos quitado los impermeables, con lo que hemos ganado en
comodidad y frescura. En ese momento, Koldo y Alfonso han recordado que un
compañero de Alfonso y ex compañero de Koldo, Kiko, vive en Obanos y le propuso
a Alfonso que si pasábamos por allí comiéramos juntos, así que un telefonazo ha
bastado para organizar la comida.
Pero primero había que llegar.
Tras pasar por la puerta de casa y parar en Cizur para comprar unos plátanos y
almorzar, hemos atacado el puerto del Perdón, puerto feo y aburrido donde los
haya. Pero como para nosotros nada es problema –y menos yendo con Koldo-, poco
a poco hemos llegado arriba. Se ha hecho duro, sobre todo el último tramo. Hay
que tener en cuenta que ya llevábamos sobre nuestras piernas unos 60 km. Eso
sí, dejarse caer desde arriba hasta prácticamente el pueblo de Obanos es un
auténtico placer (como dijo una vez Karlos Arguiñano, la mejor manera de disfrutar con los pantalones puestos, aunque él
se refería a la cocina).
¡Vaya con la comida en Obanos!
Kiko había encargado el menú del peregrino en el Centro de Obanos. El menú
perfecto para quien tiene que seguir camino en bicicleta hasta Estella:
ensalada, sopa de cocido, menestra y alubias rojas de primer plato; trucha y
pollo guisado de segundo, postre y café. Han insistido en la copa, pero hemos
sabido resistirnos. Si no, todavía estamos en aquel pueblo comiendo y cenando.
Hemos compartido mesa con Luis, un amigo de Kiko. Hemos comido de maravilla,
hemos charlado, nos hemos reído un rato y hemos descansado. Encima, Kiko nos ha
invitado. ¿Qué más se puede pedir? Una cama para echar la siesta, porque
levantarse para montarse en la bici ha sido toda una proeza. Nos hemos
despedido tras hacernos una foto con nuestros anfitriones y hemos seguido
camino.
Solo 22 km. hasta Estella. Pero
antes de llegar había que subir el alto de Mañeru, que se las trae. Después se
sube a Cirauqui, y a Lorca, y a Villatuerta. Eso sí, desde Villatuerta nos
hemos dejado caer hasta Estella. Para rematar, cuando ya parecía que los
pedales eran cosa pasada, hemos tenido que subir hasta la bajera de mis cuñados
Andrés y Juani, que amablemente nos la han cedido para guardar las bicis
durante una noche.
Eran las 7,00 de la tarde. A
Alfonso iban a recogerle en coche para volver a casa, pero Koldo y yo hemos
tomado La Estellesa a las 7,30 para regresar. Ducha, cena y a la cama, que
mañana hay que ir desde Estella hasta Santo Domingo de la Calzada.
SEGUNDO DÍA – 29 de marzo
ESTELLA – SANTO DOMINGO DE LA
CALZADA (96 Km)
Hemos quedado en pasar a buscar a
Koldo a las 9,00 para ir a Estella y salir desde allí. Pilar, Susana y los
críos van a ir a pasar el día por la zona de Santo Domingo y quedaremos a comer
con ellos.
En Logroño paramos a almorzar,
pincho de tortilla en bocata, con su correspondiente caña.
Una vez recuperadas
las fuerzas, sellamos la credencial y continuamos camino. Nos empieza a llover
suave, de manera que no molesta demasiado. Al final, hemos quedado con las
chicas en Navarrete, a mitad de camino entre Logroño y Nájera. Comemos, muy
bien, en un restaurante que ellas han localizado y nos despedimos
definitivamente.
El trayecto hasta Santo Domingo,
unos 40 km, se termina haciendo duro porque llueve como si no lo hubiera hecho
nunca. A pesar de llevar bolsas de plástico en los pies, nos termina entrando
agua y llegamos chapoteando. Además, hasta un kilómetro antes de Santo Domingo
hay un largo repecho que se hace bastante pesado. Al llegar arriba, deja de
llover y al fondo se divisa el pueblo con un rayo de sol que le cae justo
encima. Nos dejamos caer y llegamos hacia las 18,00. En la plaza de la catedral
nos hacemos una foto con sol.
Es la única que tenemos del trayecto, así que se podría pensar que todo el camino ha sido así.
Es la única que tenemos del trayecto, así que se podría pensar que todo el camino ha sido así.
Entre nosotros hemos comentado al
final del trayecto que, a pesar de la lluvia y de los kilómetros, casi 200 en
dos días, ni a mí me molesta la hernia ni a Koldo los pies. Esto es una
maravilla. Estamos encantados de lo bien que vamos, de lo poco que nos importa
la lluvia, de cómo nos está saliendo todo.
Vamos a la pensión, que está muy
bien. Tenemos una habitación doble, con habitáculos separados y baño. Ducha y a
la calle. Sellamos la credencial, nos tomamos una caña y vamos a cenar un plato
de pasta en un italiano que hay enfrente de la pensión. Volvemos a la pensión y
a dormir, que nos esperan 80 km con puerto por medio hasta pasar Burgos.
TERCER DÍA – 30 de marzo (80 km)
SANTO DOMINGO DE LA CALZADA –
VILLALBILLA DE BURGOS
Hoy, para las 8,00 de la mañana
ya estamos listos y salimos de Santo Domingo. Según hemos visto en el perfil,
tenemos que subir durante 40 km aproximadamente para después bajar hasta
Burgos. Sabemos que tendremos viento en contra y lluvia a partir de media
mañana.
El viento es fortísimo. Los
primeros 35 km son, además, algo picados hacia arriba, así que nos matamos a
pedalear para avanzar a una velocidad de 10 km/h. Llegamos derrengados al
puerto de La Pedraja, de unos 4 km de ascensión, y afortunadamente el propio
puerto nos abriga del aire.
Además, sabemos que después tenemos otros 40 km de bajada y llano. ¡Ja! De eso nada: va bajando un poquitín, pero hay que pedalear de lo lindo en llano. Encima, vuelve el aire y comienza a llover. Todo esto ha provocado que Koldo sufriera especialmente por los pies, ya que el hacer fuerza sobre el pedal le ha provocado un dolor que le ha amargado un poco el trayecto.
Además, sabemos que después tenemos otros 40 km de bajada y llano. ¡Ja! De eso nada: va bajando un poquitín, pero hay que pedalear de lo lindo en llano. Encima, vuelve el aire y comienza a llover. Todo esto ha provocado que Koldo sufriera especialmente por los pies, ya que el hacer fuerza sobre el pedal le ha provocado un dolor que le ha amargado un poco el trayecto.
Llegamos a Burgos hacia las
14,00. Sellamos la credencial, nos sacamos una foto frente a la catedral y nos
vamos a comer unos pinchos en la parte vieja.
Lo intentamos en el bar El Morito, que está a tope, y vamos a la calle San Lorenzo, donde entramos en el bar Los Herreros. Allí nos comemos tres pinchos exquisitos con un par de cañas y nos damos por comidos. Después, con bastante pereza, tiramos hasta Villalbilla de Burgos.
Lo intentamos en el bar El Morito, que está a tope, y vamos a la calle San Lorenzo, donde entramos en el bar Los Herreros. Allí nos comemos tres pinchos exquisitos con un par de cañas y nos damos por comidos. Después, con bastante pereza, tiramos hasta Villalbilla de Burgos.
Allí está la pensión La Tomasa,
con Julián padre y Julián hijo. Dos personajes. Primero el padre nos ha dado
abundante conversación. Nos ha contado que llevan 50 años con el restaurante,
que hasta Amancio Ortega ha comido allí, que tiene clientes fijos de
Inglaterra, de Portugal, de Alemania… El hijo es quien lleva el restaurante y
la pensión –la Tomasa es la madre-. Al principio parecía que era parco en
palabras y que no quería dar mucha conversación, pero después nos ha demostrado
que es lo más servicial que se puede uno encontrar, y que lo ha heredado de su
padre.
Nos hemos dado cuenta de que no
teníamos suficiente dinero y hemos ido a preguntarle si había cajero automático
en el pueblo. Nos ha dicho que no, que había que ir al de al lado. Al decirle
que tendríamos que ir en bicicleta, nos ha ofrecido que su padre nos llevara en
coche. Efectivamente, ni corto ni perezoso, el padre nos ha acercado al otro
pueblo y hemos solucionado el asunto del dinero. Cuando se lo hemos agradecido,
casi ponen cara de extrañeza, pues para ellos es algo natural. Como le ha dicho
Koldo, hay tres Julianes: Retegi, Gayarre y el de la Tomasa.
Estamos agotados. La etapa de
mañana parece bastante llana, a través de la Meseta, pero son 100 km. Veremos.
CUARTO DÍA – 31 de marzo (100 km)
VILLALBILLA DE BURGOS –
CALZADILLA DE LA CUEZA
Nos levantamos pronto a pesar de
que se ha cambiado la hora y hay una hora menos para dormir. A las 8,00 viene
Luis Ángel, de Jacotrans, a recoger las maletas y salimos. Hay una niebla muy
densa que atravesamos durante una hora. Cuando levanta estamos en un alto llano
en el que tenemos el lujo de ver perdices y conejos en pleno campo. Pensamos en
parar a comer algo, pero en el pueblo que habíamos pensado no vemos bares, en
el siguiente están cerrados, en el siguiente están en fiestas. Total, que
paramos en Osorno, que es la mitad de la etapa.
Tenemos suerte y ni llueve ni
anda mucho viento, así que para las dos y media hemos llegado y comemos en el
hostal donde nos alojamos. La etapa ha sido rápida, tranquila, sin incidentes,
pero cansada. Por eso, nos quedamos en el pueblo y, además de descansar un rato
en la habitación, damos una vuelta
y llegamos hasta el albergue, donde
conocemos a Grego, un chico valenciano que es Hospitalario voluntario. Es un
personaje curioso e interesante, que vive el Camino intensamente. Nos cuenta
que lo ha hecho cinco veces por rutas diferentes. Nos recomienda vivamente el
acercarnos a los albergues, hablar con los peregrinos y vivir el camino con
intensidad. La verdad es que él ha encontrado parte del sentido de su vida en
la ruta jacobea.
Además, hablamos un par de buenos
ratos con Luis Ángel, que nos recomienda un hostal bueno en Hospital de Órbigo
en lugar del que habíamos reservado. Es un hombre ameno, muy agradable. Nos
entretiene con anécdotas de su trabajo como transportista de mochilas de
peregrinos. Es, por otra parte, hermano del dueño del hostal.
Otra persona interesante,
Khadisha, la camarera de origen marroquí que nos ha atendido en la comida y la
cena. Tiene muy buen humor y encaja con nosotros rápidamente. Nos da a entender
que no está contenta en su trabajo y que cuando pueda, aproximadamente dentro
de un año, regresará a su país.
En resumen, la etapa ha sido
cansada pero sin complicaciones, y el resto del día lo hemos dedicado a las
relaciones humanas.
QUINTO DÍA – 1 de abril (110 km)
CALZADILLA DE LA CUEZA – HOSPITAL
DE ÓRBIGO
Hoy también salimos al amanecer,
con día despejado, pero pronto empieza el viento, que no nos abandonará en todo
el día. Paramos a almorzar en el pueblo de Bercianos, en un bar que tienen
montado Andrea, una alicantina, y Franko, un croata, que se conocieron en el
Camino y decidieron volver a él.
Nos encontramos con un grupo de
cinco ciclistas de Pamplona, de los que volveremos a tropezar a dos en León;
los otros tres han abandonado por lesiones. Están un poco bajos de moral, pero
seguirán los dos adelante. También reencontramos a Adrián, un alicantino con el
que estuvimos al salir de Estella, que llevaba 40 kg de equipaje. Es un
fenómeno. Nos alegramos mucho de volver a vernos. Nos cuenta que quiere llegar
hasta Finisterre, pero no tiene planes de etapas ni kilómetros. Le digo a Koldo
que lo hemos de volver a ver en Santiago.
La bici de Koldo comienza a hacer
un ruido sospechoso en el pedalier, por lo que llama a una tienda de bicis en
León y queda con ellos en llevarles la bici antes de comer. Llegamos a las
13,45, dejamos la bici (guardan también la mía), y vamos a comer al Rancho
Chico, un restaurante que nos recomiendan los de la tienda, donde comemos de
primera. Aprovechamos para visitar la catedral de León, que es espectacular, y
allí tomamos un café con un “lazo de San Isidoro”.

Cuando recuperamos la bicicleta
arreglada, salimos hacia Hospital de Órbigo, pasando antes por el Parador de
San Marcos,
que es espectacular. Allí sellamos la credencial. El camino hasta
Hospital se nos hace eterno y pesadísimo. Por la nacional, con mucho tráfico,
mucho ruido, mucho viento y mucho cansancio. Llegamos al hostal agotados. Nos
duchamos, cenamos y a la cama.
SEXTO DÍA – 2 de abril
HOSPITAL DE ÓRBIGO – VILLAFRANCA
DEL BIERZO
Como es habitual, salimos a las
8,00 de la mañana, nada más amanecer, tras despedirnos de Khadisha y de Grego.
La primera población en la que paramos es Astorga. Compramos unos plátanos,
comemos algo y seguimos ruta. Hacemos otra mini parada antes de dejar la ciudad
y se nos acerca un señor, Emiliano Ferrero, que nos hace ver que vamos en la
dirección equivocada: íbamos a coger la carretera nacional y teníamos que tomar
otra local, que es la que pasa por el puerto de la Cruz de Ferro. La verdad es
que Mariano nos salva el día.
Aprovechamos para visitar el
primer pueblo después de Astorga, Castrillo de los Polvazares, un pueblo
totalmente restaurado, que mantiene el sabor de lo antiguo evitando los
carteles comerciales, los coches dentro del pueblo, etc. Es un placer pasear
por él.
Continuamos ruta y poco a poco
nos vamos acercando a la Cruz de Ferro, de la que tanto hemos leído, oído
hablar y que tememos. Realmente no es para tanto. Tiene cuatro kilómetros de
ascensión suave y dos más, eso sí, con unas pendientes importantes. Coronamos y
en ese momento comienza a caer una borrasca de nieve.
Hace una temperatura de 3
grados.
Descendemos por una carretera superpendiente, pasando por un pueblo
precioso llamado El Acebo y terminando al pie del puerto en Molinaseca, otra
maravilla. El paisaje ha cambiado totalmente, pues hemos pasado de la meseta a
la montaña leonesa.
Llegamos a comer a Ponferrada,
donde vemos el castillo de los templarios (por fuera, porque la entrada cuesta
6€ y no tenemos demasiado tiempo).
Después continuamos camino y paramos en Cacabelos
para buscar un sitio en el que ponen un sello muy bonito. Se trata de la antigua Prada a tope, en la Moncloa de San Lázaro, que fue hospital de peregrinos y ahora es posada, cafetería y tienda de recuerdos. Allí conocemos a Lucía y Jose, los dos hermanos que lo llevan. Al entrar, Lucía nos invita a un vaso de vino con una pasta, después nos saca otro de vino blanco y otro de limonada leonesa (una especie de sangría, que está buenísima). Todo esto acompañado de pastas, queso, cecina y empanada. Mientras nos prepara lo que hemos comprado, vamos a ver la cafetería y su hermano nos invita a un licor de hierbas buenísimo. Son majísimos. Ella nos cuenta que está embarazada, que quiere que su hija se llame Carmen, nos habla de la historia del edificio en el que están ubicados… Él nos cuenta que ha ligado con una chica de San Sebastián y que se le ha pegado el acento. “Cuando hablo parezco un pijo”, dice. El caso es que pasamos allí una hora y media.
Después continuamos camino y paramos en Cacabelos
para buscar un sitio en el que ponen un sello muy bonito. Se trata de la antigua Prada a tope, en la Moncloa de San Lázaro, que fue hospital de peregrinos y ahora es posada, cafetería y tienda de recuerdos. Allí conocemos a Lucía y Jose, los dos hermanos que lo llevan. Al entrar, Lucía nos invita a un vaso de vino con una pasta, después nos saca otro de vino blanco y otro de limonada leonesa (una especie de sangría, que está buenísima). Todo esto acompañado de pastas, queso, cecina y empanada. Mientras nos prepara lo que hemos comprado, vamos a ver la cafetería y su hermano nos invita a un licor de hierbas buenísimo. Son majísimos. Ella nos cuenta que está embarazada, que quiere que su hija se llame Carmen, nos habla de la historia del edificio en el que están ubicados… Él nos cuenta que ha ligado con una chica de San Sebastián y que se le ha pegado el acento. “Cuando hablo parezco un pijo”, dice. El caso es que pasamos allí una hora y media.
Nos vamos porque hay que llegar a
Villafranca del Bierzo, que está solo a 8 km, pero hay que ir antes de que
anochezca. Nos alojamos en La Charola, un hostal que está fuera del pueblo. La
habitación está bien, pero el sitio es un poco desangelado. El pueblo es, con
lo poco que hemos visto a la hora de la cena, muy bonito.
Mañana toca subir el puerto de O
Cebreiro, aunque no sé si no tendré que ir solo, ya que Koldo tiene un tirón en
la espalda, una especie de lumbago que tal vez le impida continuar viaje.
Esperemos que se recupere.
Hoy ha sido posiblemente el mejor
día de los que llevamos de Camino.
SÉPTIMO DÍA – 3 de abril
VILLAFRANCA DEL BIERZO –
PORTOMARÍN
O Cebreiro es largo, pero no es
tan duro como habíamos oído. Tiene un kilómetro o kilómetro y medio con
bastante pendiente, pero lo demás es muy llevadero.
Por el camino nos encontramos con
unos grupos de ciclistas, que resultan ser de Pamplona y Estella unos,
vizcaínos otros y mallorquines otros. A tramos vamos coincidiendo y
compartiendo ruta. Tras el descenso coincidimos todos en un bar. Con los de
Estella y Pamplona quedamos para cenar en Portomarín, porque tienen intención
de llegar allí, pero finalmente no llaman, por lo que pensamos que no han
llegado.
Desde el bar hasta Portomarín
vamos solos y se nos termina haciendo muy largo, por cansancio y porque Koldo
tiene la espalda bastante perjudicada. Este tramo, de unos 40 km, son continuos
toboganes, que acaban por minar la moral si no vas demasiado bien.
El caso es que llegamos al hotel.
Las chicas de recepción nos acogen con muy buen ánimo, cosa que se agradece
cuando se está cansado.
OCTAVO DÍA – 4 de abril
OCTAVO DÍA – 4 de abril
PORTOMARÍN – SANTIAGO DE
COMPOSTELA (100,0 km)
Última etapa. No tiene puertos
importantes, pero son continuos toboganes, más fuertes o más suaves, que
terminan por minarnos la moral. A esto hay que sumar que llueve durante todo el
tiempo, hace frío, anda viento a rachas y estamos cansados de todo el camino.
Encima, la mayoría del trayecto es por carretera nacional, con bastante
tráfico, lo que nos obliga a ir uno detrás del otro, sin hablar. Quizás lo más
destacable son los numerosos hórreos que vemos por el camino. Cerca de Santiago
nos perdemos y tenemos que desandar un trecho para preguntar y encontrar el
camino correcto.
Pero al final llegamos a
Santiago.
Con el cansancio, tras callejear un poco, llegamos a la plaza del Obradoiro. No pensábamos que nos iba a impresionar tanto. De repente, se encuentra uno en el centro de una plaza enorme, rodeada de edificios preciosos y presidida por la catedral. Enorme, imponente, señorial. Resulta absolutamente emocionante.
Con el cansancio, tras callejear un poco, llegamos a la plaza del Obradoiro. No pensábamos que nos iba a impresionar tanto. De repente, se encuentra uno en el centro de una plaza enorme, rodeada de edificios preciosos y presidida por la catedral. Enorme, imponente, señorial. Resulta absolutamente emocionante.
Lo primero, nos abrazamos. Hemos
conseguido algo que, hace no demasiado tiempo, era impensable. Antes de venir,
ambos habíamos tenido nuestras dudas. Ahora no caben: estamos frente a la
catedral de Santiago de Compostela. Fotos, con la camiseta de “Puigi”, por
delante, por detrás.
Saludamos a unos malagueños muy majos que acaban de
llegar.
Vamos a por el último sello y la
Compostela. Llegamos hasta Nacex y empaquetamos las bicis con destino a
Muruzábal en Barañáin, que tendrá que ponerlas a punto de nuevo. Vamos a la
pensión Suso, que está al lado de la catedral. Una habitación nuevísima y
limpísima. Nos arreglamos y salimos a la calle.
En primer lugar, visitar la
catedral, que por dentro es tan imponente como por fuera. Al entrar está
sonando el órgano, que suena majestuoso. Por desgracia, el Pórtico de la Gloria
está siendo reformado y no se puede ver.
Compramos algunos recuerdos y
vamos al bar “El rápido” a tomar un albariño. Allí mismo nos quedamos a cenar.
Tal como nos habíamos prometido a nosotros mismos, nos obsequiamos con una cena
de marisco, al que añadimos chuletón, todo esto acompañado de una botella de
albariño y otra de tinto. Sobre la resaca del día siguiente no es necesario
hacer comentarios. Un día es un día.
Tras dormir a pierna suelta, al
día siguiente tomamos el tren a las 8,42 para llegar a Pamplona a las 17,15. En
el tren nos encontramos con Xele, que ha estado haciendo un tramo del Camino a
pie.
Nos separamos al llegar con un
apretón de manos y la intención de preparar otra similar. Y en ello estamos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario