domingo, 1 de diciembre de 2013

CAMINO DE SANTIAGO – del 28 de marzo al 5 de abril de 2013
Todo empezó como por casualidad. Llevábamos tiempo andando en bicicleta juntos y, de vez en cuando, comentábamos hemos de acabar haciendo el Camino de Santiago. A fuerza de repetir y repetir, la broma se transformó en objetivo. Y en una de esas, venga, en Semana Santa. Yo tenía vacaciones y Koldo podía coger unos días como para hacerlo.
Lo haremos en siete etapas, lo haremos en diez. Finalmente, fueron ocho. Comenzó la investigación: a través de internet, kilometraje, tramos, etapas, desniveles, alojamientos… Poco a poco fuimos seleccionando la información y fuimos centrándonos nosotros.
 Koldo se encargó del transporte de equipajes. Descubrió Jacotrans, empresa que por poco dinero nos trasladaría las maletas de destino en destino. Además, se encargó de los billetes de tren para la vuelta y del transporte de las bicicletas desde Santiago hasta Pamplona. En poco tiempo lo tenía todo atado y bien atado. A mí me resultó difícil establecer ocho etapas equilibradas en kilómetros y localizar albergues. Por eso nos reunimos dos semanas antes, tomamos como guía la ruta que relataban los amigosdelciclismo.com y en un periquete establecimos los puntos de salida y destino y por teléfono reservamos todos los alojamientos que íbamos a necesitar. Hay que aclarar que, con bastante facilidad, desechamos la idea inicial de dormir en albergues. Nos inclinó a ello una serie de motivos de peso: los ciclistas no podemos entrar hasta pasadas las ocho de la tarde, ya que tienen prioridad los peregrinos a pie; habíamos leído que en la mayoría no hay calefacción por la noche y se pasa frío; existía la posibilidad de compañeros no deseados, como chinches o pulgas; que si uno tose, que si otro ronca, que si el de más allá se levanta… Ya vamos teniendo una edad y no estamos para muchas tonterías. Por pocos euros más cada noche y teniendo en cuenta que habían de ser pocas, reservamos pensiones y hostales.
La semana anterior a la salida fue estresante para los dos: ambos con mucho lío en el trabajo, Koldo con el cambio de piso que estaban haciendo, yo con madre, reuniones extras, etc. Así que la víspera a última hora preparamos la maleta y a dormir. Solo tuvimos tiempo de consultar –eso sí, a diario y varias veces- los pronósticos del tiempo, que eran desoladores.

PRIMER DÍA – 28 de marzo
RONCESVALLES – ESTELLA (96 km)


A las 9,00 estamos cargando las bicis en el coche para que Pilar nos lleve hasta Roncesvalles a Koldo, Alfonso y a mí. Alfonso se había apuntado unos días antes a acompañarnos durante la primera etapa. Con él junto a nosotros, la dureza del Camino es menor.
Entre llegar a Roncesvalles, solicitar la Credencial, tomar un café y prepararnos, nos dan más de las 11. Salimos con una lluvia fina, pero persistente, que nos acompaña hasta Zubiri. La subida a Mezkiritz suave. La verdad es que lo hemos tomado con mucha calma. Los tres teníamos claro que había que reservar fuerzas, así que no hemos dudado a la hora de meter piñones grandes. Con Erro nos ha pasado lo mismo. No voy a decir que la lluvia era agradable, porque no, pero la verdad es que no nos ha resultado tan molesta como preveíamos. El hecho de ir tres ha ayudado bastante porque no nos ha faltado conversación.
Cuando nos hemos asegurado de que no llovería más, nos hemos quitado los impermeables, con lo que hemos ganado en comodidad y frescura. En ese momento, Koldo y Alfonso han recordado que un compañero de Alfonso y ex compañero de Koldo, Kiko, vive en Obanos y le propuso a Alfonso que si pasábamos por allí comiéramos juntos, así que un telefonazo ha bastado para organizar la comida.
Pero primero había que llegar. Tras pasar por la puerta de casa y parar en Cizur para comprar unos plátanos y almorzar, hemos atacado el puerto del Perdón, puerto feo y aburrido donde los haya. Pero como para nosotros nada es problema –y menos yendo con Koldo-, poco a poco hemos llegado arriba. Se ha hecho duro, sobre todo el último tramo. Hay que tener en cuenta que ya llevábamos sobre nuestras piernas unos 60 km. Eso sí, dejarse caer desde arriba hasta prácticamente el pueblo de Obanos es un auténtico placer (como dijo una vez Karlos Arguiñano, la mejor manera de disfrutar con los pantalones puestos, aunque él se refería a la cocina).
¡Vaya con la comida en Obanos! Kiko había encargado el menú del peregrino en el Centro de Obanos. El menú perfecto para quien tiene que seguir camino en bicicleta hasta Estella: ensalada, sopa de cocido, menestra y alubias rojas de primer plato; trucha y pollo guisado de segundo, postre y café. Han insistido en la copa, pero hemos sabido resistirnos. Si no, todavía estamos en aquel pueblo comiendo y cenando. Hemos compartido mesa con Luis, un amigo de Kiko. Hemos comido de maravilla, hemos charlado, nos hemos reído un rato y hemos descansado. Encima, Kiko nos ha invitado. ¿Qué más se puede pedir? Una cama para echar la siesta, porque levantarse para montarse en la bici ha sido toda una proeza. Nos hemos despedido tras hacernos una foto con nuestros anfitriones y hemos seguido camino.
Solo 22 km. hasta Estella. Pero antes de llegar había que subir el alto de Mañeru, que se las trae. Después se sube a Cirauqui, y a Lorca, y a Villatuerta. Eso sí, desde Villatuerta nos hemos dejado caer hasta Estella. Para rematar, cuando ya parecía que los pedales eran cosa pasada, hemos tenido que subir hasta la bajera de mis cuñados Andrés y Juani, que amablemente nos la han cedido para guardar las bicis durante una noche.
Eran las 7,00 de la tarde. A Alfonso iban a recogerle en coche para volver a casa, pero Koldo y yo hemos tomado La Estellesa a las 7,30 para regresar. Ducha, cena y a la cama, que mañana hay que ir desde Estella hasta Santo Domingo de la Calzada.

SEGUNDO DÍA – 29 de marzo
ESTELLA – SANTO DOMINGO DE LA CALZADA (96 Km)
Hemos quedado en pasar a buscar a Koldo a las 9,00 para ir a Estella y salir desde allí. Pilar, Susana y los críos van a ir a pasar el día por la zona de Santo Domingo y quedaremos a comer con ellos.
Salimos de Estella a las 10,00. Para empezar, 8 km cuesta arriba hasta Villamayor de Monjardín. Mala manera de empezar, pues se nos ha hecho bastante duro. Hasta Logroño, todo serán toboganes. A la altura de Los Arcos, nos alcanza mi cuñado Andrés con la moto. Nos saludamos, hablamos un rato y continuamos camino. Sorprendentemente, no llueve. Esperábamos que jarreara desde el comienzo de la mañana, pero nos respeta hasta llegar a Logroño. Nos damos por satisfechos con la mitad del camino secos. Por el camino vamos encontrando a unos cuantos peregrinos en bici de montaña que el día anterior fueron por el camino. Por lo que cuentan, sufrieron lo suyo, ya que las bicis y ellos mismos se hundían en el barro y no había manera de avanzar. Así que han decidido salir a la carretera. La verdad es que algunos van llevan barro en la bici, en la ropa… hasta las orejas.
En Logroño paramos a almorzar, pincho de tortilla en bocata, con su correspondiente caña.


Una vez recuperadas las fuerzas, sellamos la credencial y continuamos camino. Nos empieza a llover suave, de manera que no molesta demasiado. Al final, hemos quedado con las chicas en Navarrete, a mitad de camino entre Logroño y Nájera. Comemos, muy bien, en un restaurante que ellas han localizado y nos despedimos definitivamente.
El trayecto hasta Santo Domingo, unos 40 km, se termina haciendo duro porque llueve como si no lo hubiera hecho nunca. A pesar de llevar bolsas de plástico en los pies, nos termina entrando agua y llegamos chapoteando. Además, hasta un kilómetro antes de Santo Domingo hay un largo repecho que se hace bastante pesado. Al llegar arriba, deja de llover y al fondo se divisa el pueblo con un rayo de sol que le cae justo encima. Nos dejamos caer y llegamos hacia las 18,00. En la plaza de la catedral nos hacemos una foto con sol.
 Es la única que tenemos del trayecto, así que se podría pensar que todo el camino ha sido así.
Entre nosotros hemos comentado al final del trayecto que, a pesar de la lluvia y de los kilómetros, casi 200 en dos días, ni a mí me molesta la hernia ni a Koldo los pies. Esto es una maravilla. Estamos encantados de lo bien que vamos, de lo poco que nos importa la lluvia, de cómo nos está saliendo todo.
Vamos a la pensión, que está muy bien. Tenemos una habitación doble, con habitáculos separados y baño. Ducha y a la calle. Sellamos la credencial, nos tomamos una caña y vamos a cenar un plato de pasta en un italiano que hay enfrente de la pensión. Volvemos a la pensión y a dormir, que nos esperan 80 km con puerto por medio hasta pasar Burgos.



TERCER DÍA – 30 de marzo (80 km)
SANTO DOMINGO DE LA CALZADA – VILLALBILLA DE BURGOS
Hoy, para las 8,00 de la mañana ya estamos listos y salimos de Santo Domingo. Según hemos visto en el perfil, tenemos que subir durante 40 km aproximadamente para después bajar hasta Burgos. Sabemos que tendremos viento en contra y lluvia a partir de media mañana.
El viento es fortísimo. Los primeros 35 km son, además, algo picados hacia arriba, así que nos matamos a pedalear para avanzar a una velocidad de 10 km/h. Llegamos derrengados al puerto de La Pedraja, de unos 4 km de ascensión, y afortunadamente el propio puerto  nos abriga del aire.

Además, sabemos que después tenemos otros 40 km de bajada y llano. ¡Ja! De eso nada: va bajando un poquitín, pero hay que pedalear de lo lindo en llano. Encima, vuelve el aire y comienza a llover. Todo esto ha provocado que Koldo sufriera especialmente por los pies, ya que el hacer fuerza sobre el pedal le ha provocado un dolor que le ha amargado un poco el trayecto.
Llegamos a Burgos hacia las 14,00. Sellamos la credencial, nos sacamos una foto frente a la catedral y nos vamos a comer unos pinchos en la parte vieja.
Lo intentamos en el bar El Morito, que está a tope, y vamos a la calle San Lorenzo, donde entramos en el bar Los Herreros. Allí nos comemos tres pinchos exquisitos con un par de cañas y nos damos por comidos. Después, con bastante pereza, tiramos hasta Villalbilla de Burgos.
Allí está la pensión La Tomasa, con Julián padre y Julián hijo. Dos personajes. Primero el padre nos ha dado abundante conversación. Nos ha contado que llevan 50 años con el restaurante, que hasta Amancio Ortega ha comido allí, que tiene clientes fijos de Inglaterra, de Portugal, de Alemania… El hijo es quien lleva el restaurante y la pensión –la Tomasa es la madre-. Al principio parecía que era parco en palabras y que no quería dar mucha conversación, pero después nos ha demostrado que es lo más servicial que se puede uno encontrar, y que lo ha heredado de su padre.
Nos hemos dado cuenta de que no teníamos suficiente dinero y hemos ido a preguntarle si había cajero automático en el pueblo. Nos ha dicho que no, que había que ir al de al lado. Al decirle que tendríamos que ir en bicicleta, nos ha ofrecido que su padre nos llevara en coche. Efectivamente, ni corto ni perezoso, el padre nos ha acercado al otro pueblo y hemos solucionado el asunto del dinero. Cuando se lo hemos agradecido, casi ponen cara de extrañeza, pues para ellos es algo natural. Como le ha dicho Koldo, hay tres Julianes: Retegi, Gayarre y el de la Tomasa.
Estamos agotados. La etapa de mañana parece bastante llana, a través de la Meseta, pero son 100 km. Veremos.

CUARTO DÍA – 31 de marzo (100 km)
VILLALBILLA DE BURGOS – CALZADILLA DE LA CUEZA
Nos levantamos pronto a pesar de que se ha cambiado la hora y hay una hora menos para dormir. A las 8,00 viene Luis Ángel, de Jacotrans, a recoger las maletas y salimos. Hay una niebla muy densa que atravesamos durante una hora. Cuando levanta estamos en un alto llano en el que tenemos el lujo de ver perdices y conejos en pleno campo. Pensamos en parar a comer algo, pero en el pueblo que habíamos pensado no vemos bares, en el siguiente están cerrados, en el siguiente están en fiestas. Total, que paramos en Osorno, que es la mitad de la etapa.
Tenemos suerte y ni llueve ni anda mucho viento, así que para las dos y media hemos llegado y comemos en el hostal donde nos alojamos. La etapa ha sido rápida, tranquila, sin incidentes, pero cansada. Por eso, nos quedamos en el pueblo y, además de descansar un rato en la habitación, damos una vuelta y llegamos hasta el albergue, donde conocemos a Grego, un chico valenciano que es Hospitalario voluntario. Es un personaje curioso e interesante, que vive el Camino intensamente. Nos cuenta que lo ha hecho cinco veces por rutas diferentes. Nos recomienda vivamente el acercarnos a los albergues, hablar con los peregrinos y vivir el camino con intensidad. La verdad es que él ha encontrado parte del sentido de su vida en la ruta jacobea.
Además, hablamos un par de buenos ratos con Luis Ángel, que nos recomienda un hostal bueno en Hospital de Órbigo en lugar del que habíamos reservado. Es un hombre ameno, muy agradable. Nos entretiene con anécdotas de su trabajo como transportista de mochilas de peregrinos. Es, por otra parte, hermano del dueño del hostal.
Otra persona interesante, Khadisha, la camarera de origen marroquí que nos ha atendido en la comida y la cena. Tiene muy buen humor y encaja con nosotros rápidamente. Nos da a entender que no está contenta en su trabajo y que cuando pueda, aproximadamente dentro de un año, regresará a su país.
En resumen, la etapa ha sido cansada pero sin complicaciones, y el resto del día lo hemos dedicado a las relaciones humanas.

QUINTO DÍA – 1 de abril (110 km)
CALZADILLA DE LA CUEZA – HOSPITAL DE ÓRBIGO
Hoy también salimos al amanecer, con día despejado, pero pronto empieza el viento, que no nos abandonará en todo el día. Paramos a almorzar en el pueblo de Bercianos, en un bar que tienen montado Andrea, una alicantina, y Franko, un croata, que se conocieron en el Camino y decidieron volver a él.
Nos encontramos con un grupo de cinco ciclistas de Pamplona, de los que volveremos a tropezar a dos en León; los otros tres han abandonado por lesiones. Están un poco bajos de moral, pero seguirán los dos adelante. También reencontramos a Adrián, un alicantino con el que estuvimos al salir de Estella, que llevaba 40 kg de equipaje. Es un fenómeno. Nos alegramos mucho de volver a vernos. Nos cuenta que quiere llegar hasta Finisterre, pero no tiene planes de etapas ni kilómetros. Le digo a Koldo que lo hemos de volver a ver en Santiago.
La bici de Koldo comienza a hacer un ruido sospechoso en el pedalier, por lo que llama a una tienda de bicis en León y queda con ellos en llevarles la bici antes de comer. Llegamos a las 13,45, dejamos la bici (guardan también la mía), y vamos a comer al Rancho Chico, un restaurante que nos recomiendan los de la tienda, donde comemos de primera. Aprovechamos para visitar la catedral de León, que es espectacular, y allí tomamos un café con un “lazo de San Isidoro”.

Cuando recuperamos la bicicleta arreglada, salimos hacia Hospital de Órbigo, pasando antes por el Parador de San Marcos, que es espectacular. Allí sellamos la credencial. El camino hasta Hospital se nos hace eterno y pesadísimo. Por la nacional, con mucho tráfico, mucho ruido, mucho viento y mucho cansancio. Llegamos al hostal agotados. Nos duchamos, cenamos y a la cama.

SEXTO DÍA – 2 de abril
HOSPITAL DE ÓRBIGO – VILLAFRANCA DEL BIERZO
Como es habitual, salimos a las 8,00 de la mañana, nada más amanecer, tras despedirnos de Khadisha y de Grego. La primera población en la que paramos es Astorga. Compramos unos plátanos, comemos algo y seguimos ruta. Hacemos otra mini parada antes de dejar la ciudad y se nos acerca un señor, Emiliano Ferrero, que nos hace ver que vamos en la dirección equivocada: íbamos a coger la carretera nacional y teníamos que tomar otra local, que es la que pasa por el puerto de la Cruz de Ferro. La verdad es que Mariano nos salva el día.
Aprovechamos para visitar el primer pueblo después de Astorga, Castrillo de los Polvazares, un pueblo totalmente restaurado, que mantiene el sabor de lo antiguo evitando los carteles comerciales, los coches dentro del pueblo, etc. Es un placer pasear por él.
Continuamos ruta y poco a poco nos vamos acercando a la Cruz de Ferro, de la que tanto hemos leído, oído hablar y que tememos. Realmente no es para tanto. Tiene cuatro kilómetros de ascensión suave y dos más, eso sí, con unas pendientes importantes. Coronamos y en ese momento comienza a caer una borrasca de nieve.
 Hace una temperatura de 3 grados.
Descendemos por una carretera superpendiente, pasando por un pueblo precioso llamado El Acebo y terminando al pie del puerto en Molinaseca, otra maravilla. El paisaje ha cambiado totalmente, pues hemos pasado de la meseta a la montaña leonesa.


Llegamos a comer a Ponferrada,donde vemos el castillo de los templarios (por fuera, porque la entrada cuesta 6€ y no tenemos demasiado tiempo).















Después continuamos camino y paramos en Cacabelos
 para buscar un sitio en el que ponen un sello muy bonito. Se trata de la antigua Prada a tope, en la Moncloa de San Lázaro, que fue hospital de peregrinos y ahora es posada, cafetería y tienda de recuerdos. Allí conocemos a Lucía y Jose, los dos hermanos que lo llevan. Al entrar, Lucía nos invita a un vaso de vino con una pasta, después nos saca otro de vino blanco y otro de limonada leonesa (una especie de sangría, que está buenísima). Todo esto acompañado de pastas, queso, cecina y empanada. Mientras nos prepara lo que hemos comprado, vamos a ver la cafetería y su hermano nos invita a un licor de hierbas buenísimo. Son majísimos. Ella nos cuenta que está embarazada, que quiere que su hija se llame Carmen, nos habla de la historia del edificio en el que están ubicados… Él nos cuenta que ha ligado con una chica de San Sebastián y que se le ha pegado el acento. “Cuando hablo parezco un pijo”, dice. El caso es que pasamos allí una hora y media.
Nos vamos porque hay que llegar a Villafranca del Bierzo, que está solo a 8 km, pero hay que ir antes de que anochezca. Nos alojamos en La Charola, un hostal que está fuera del pueblo. La habitación está bien, pero el sitio es un poco desangelado. El pueblo es, con lo poco que hemos visto a la hora de la cena, muy bonito.
Mañana toca subir el puerto de O Cebreiro, aunque no sé si no tendré que ir solo, ya que Koldo tiene un tirón en la espalda, una especie de lumbago que tal vez le impida continuar viaje. Esperemos que se recupere.
Hoy ha sido posiblemente el mejor día de los que llevamos de Camino.

SÉPTIMO DÍA – 3 de abril
VILLAFRANCA DEL BIERZO – PORTOMARÍN
Salimos a las nueve de la mañana para tener una hora más de cama a la vista de cómo tiene Koldo la espalda. Al levantarse, dice que va a probar si puede andar en bicicleta o no. Parece que no va mal, pero a pesar de todo entramos en una farmacia de un pueblo del camino, donde compra unos parches que se coloca inmediatamente y parece que le van bien. Probando, probando, sube O Cebreiro, San Roque y el Alto do Poio. De maravilla.




O Cebreiro es largo, pero no es tan duro como habíamos oído. Tiene un kilómetro o kilómetro y medio con bastante pendiente, pero lo demás es muy llevadero.
Por el camino nos encontramos con unos grupos de ciclistas, que resultan ser de Pamplona y Estella unos, vizcaínos otros y mallorquines otros. A tramos vamos coincidiendo y compartiendo ruta. Tras el descenso coincidimos todos en un bar. Con los de Estella y Pamplona quedamos para cenar en Portomarín, porque tienen intención de llegar allí, pero finalmente no llaman, por lo que pensamos que no han llegado.
Desde el bar hasta Portomarín vamos solos y se nos termina haciendo muy largo, por cansancio y porque Koldo tiene la espalda bastante perjudicada. Este tramo, de unos 40 km, son continuos toboganes, que acaban por minar la moral si no vas demasiado bien.
El caso es que llegamos al hotel. Las chicas de recepción nos acogen con muy buen ánimo, cosa que se agradece cuando se está cansado. 

OCTAVO DÍA – 4 de abril
PORTOMARÍN – SANTIAGO DE COMPOSTELA (100,0 km)
Última etapa. No tiene puertos importantes, pero son continuos toboganes, más fuertes o más suaves, que terminan por minarnos la moral. A esto hay que sumar que llueve durante todo el tiempo, hace frío, anda viento a rachas y estamos cansados de todo el camino. Encima, la mayoría del trayecto es por carretera nacional, con bastante tráfico, lo que nos obliga a ir uno detrás del otro, sin hablar. Quizás lo más destacable son los numerosos hórreos que vemos por el camino. Cerca de Santiago nos perdemos y tenemos que desandar un trecho para preguntar y encontrar el camino correcto.
Pero al final llegamos a Santiago.


 Con el cansancio, tras callejear un poco, llegamos a la plaza del Obradoiro. No pensábamos que nos iba a impresionar tanto. De repente, se encuentra uno en el centro de una plaza enorme, rodeada de edificios preciosos y presidida por la catedral. Enorme, imponente, señorial. Resulta absolutamente emocionante.


Lo primero, nos abrazamos. Hemos conseguido algo que, hace no demasiado tiempo, era impensable. Antes de venir, ambos habíamos tenido nuestras dudas. Ahora no caben: estamos frente a la catedral de Santiago de Compostela. Fotos, con la camiseta de “Puigi”, por delante, por detrás.

 Saludamos a unos malagueños muy majos que acaban de llegar.
Vamos a por el último sello y la Compostela. Llegamos hasta Nacex y empaquetamos las bicis con destino a Muruzábal en Barañáin, que tendrá que ponerlas a punto de nuevo. Vamos a la pensión Suso, que está al lado de la catedral. Una habitación nuevísima y limpísima. Nos arreglamos y salimos a la calle.
En primer lugar, visitar la catedral, que por dentro es tan imponente como por fuera. Al entrar está sonando el órgano, que suena majestuoso. Por desgracia, el Pórtico de la Gloria está siendo reformado y no se puede ver.
Compramos algunos recuerdos y vamos al bar “El rápido” a tomar un albariño. Allí mismo nos quedamos a cenar. Tal como nos habíamos prometido a nosotros mismos, nos obsequiamos con una cena de marisco, al que añadimos chuletón, todo esto acompañado de una botella de albariño y otra de tinto. Sobre la resaca del día siguiente no es necesario hacer comentarios. Un día es un día.
Tras dormir a pierna suelta, al día siguiente tomamos el tren a las 8,42 para llegar a Pamplona a las 17,15. En el tren nos encontramos con Xele, que ha estado haciendo un tramo del Camino a pie.

Nos separamos al llegar con un apretón de manos y la intención de preparar otra similar. Y en ello estamos.